Crisis en arquitectura
La
ruptura entre los ideales y la realidad se manifiesta en la confusión de muchos
arquitectos y sobre todo, en la enseñanza.
El profesor Antonio Toca presenta sintéticamente el drama de la situación de la enseñanza de la arquitectura en nuestra patria grande. Comparto su escrito por su valía.
El profesor Antonio Toca presenta sintéticamente el drama de la situación de la enseñanza de la arquitectura en nuestra patria grande. Comparto su escrito por su valía.
Antonio Toca
29/06/2013 00:25
Desde hace tiempo se asegura que la arquitectura se encuentra en crisis. Sin embargo, la duración de esta crisis —aparte de sus características particulares— es una evidencia, tanto del profundo conflicto entre los ideales vigentes y la práctica real de la arquitectura, como de la incapacidad para enfrentarla.
La prolongada crisis de la arquitectura revela la ruptura que se ha producido entre ciertos ideales que los arquitectos pretenden lograr y la realidad de su práctica diaria; una práctica cargada de ambigüedades y contradicciones entre lo que se pretende hacer, lo que se hace, y lo que realmente se puede hacer. La ruptura entre los ideales y la realidad se manifiesta en la confusión de muchos arquitectos y, sobre todo, en la enseñanza.
Una confusión que privilegia el aspecto estético de la arquitectura, por encima de sus características sociales, utilitarias y técnico-constructivas; y que privilegia la atención a los aspectos formales de las obras, desatendiendo sus aspectos constructivos, ambientales y la supervisión y control de la construcción.
Eso ha causado que en la enseñanza no se tenga un proceso explícito para preparar al alumno para la realidad de la práctica profesional y que sólo se privilegie el desarrollo de proyectos, sin relacionarlos con aspectos ambientales, constructivos, sociales y técnicos que —además— son evaluados con criterios contradictorios y subjetivos.
La crisis de la arquitectura ha sido recurrente y se ha explicado de varias maneras. Sin embargo, una mínima investigación muestra que la causa de esta crisis se debe, entre otras razones, a la grave separación entre los ideales “estéticos” que se pretenden lograr y la difícil realidad en la que se realiza la práctica profesional de la mayoría de los arquitectos.
Una práctica que muestra un decreciente nivel en los honorarios, un gran número de desempleados, una fuerte competencia para ofertar servicios, un irracional aumento de profesionistas y estudiantes y una generalizada sensación en el gremio de impotencia y frustración ante la degradación de la profesión; que dista mucho de la idealizada visión de muchas de las actuales teorías, publicaciones y escuelas de arquitectura.
En cualquier profesión es necesaria una base teórica explícita si quiere responder a los problemas que enfrenta; si realmente quiere entender sus límites; si quiere realizar la investigación necesaria para su progreso; y si quiere desarrollar normas, reglas y preceptos para realizar mejor su práctica. Por lo tanto la construcción de una teoría, su aplicación práctica, y la evaluación de sus resultados es, o debería ser, un proceso continuo para que la actividad progrese sobre una base objetiva y clara.
Teoría y práctica —pensamiento y acción— deben ser partes integradas de cualquier actividad creativa; sin embargo, cuando la reflexión no corresponde a la realidad en la que se desarrolla la práctica, o cuando esta práctica se realiza sin una teoría actualizada, se tiene una situación particularmente grave. La teoría será entonces una especulación inútil y, por lo tanto, la práctica necesariamente será una serie de acciones sin un mínimo de coherencia.
Ese ideal caduco ha filtrado la práctica y la enseñanza y las ha dañado gravemente, ya que no se ha adaptado a las necesidades de la actividad inmobiliaria y de la construcción, que se han transformado profundamente. Esa separación entre la reflexión y la práctica explica la actual crisis en la actividad de los arquitectos.
La prolongada crisis de la arquitectura revela la ruptura que se ha producido entre ciertos ideales que los arquitectos pretenden lograr y la realidad de su práctica diaria; una práctica cargada de ambigüedades y contradicciones entre lo que se pretende hacer, lo que se hace, y lo que realmente se puede hacer. La ruptura entre los ideales y la realidad se manifiesta en la confusión de muchos arquitectos y, sobre todo, en la enseñanza.
Una confusión que privilegia el aspecto estético de la arquitectura, por encima de sus características sociales, utilitarias y técnico-constructivas; y que privilegia la atención a los aspectos formales de las obras, desatendiendo sus aspectos constructivos, ambientales y la supervisión y control de la construcción.
Eso ha causado que en la enseñanza no se tenga un proceso explícito para preparar al alumno para la realidad de la práctica profesional y que sólo se privilegie el desarrollo de proyectos, sin relacionarlos con aspectos ambientales, constructivos, sociales y técnicos que —además— son evaluados con criterios contradictorios y subjetivos.
La crisis de la arquitectura ha sido recurrente y se ha explicado de varias maneras. Sin embargo, una mínima investigación muestra que la causa de esta crisis se debe, entre otras razones, a la grave separación entre los ideales “estéticos” que se pretenden lograr y la difícil realidad en la que se realiza la práctica profesional de la mayoría de los arquitectos.
Una práctica que muestra un decreciente nivel en los honorarios, un gran número de desempleados, una fuerte competencia para ofertar servicios, un irracional aumento de profesionistas y estudiantes y una generalizada sensación en el gremio de impotencia y frustración ante la degradación de la profesión; que dista mucho de la idealizada visión de muchas de las actuales teorías, publicaciones y escuelas de arquitectura.
En cualquier profesión es necesaria una base teórica explícita si quiere responder a los problemas que enfrenta; si realmente quiere entender sus límites; si quiere realizar la investigación necesaria para su progreso; y si quiere desarrollar normas, reglas y preceptos para realizar mejor su práctica. Por lo tanto la construcción de una teoría, su aplicación práctica, y la evaluación de sus resultados es, o debería ser, un proceso continuo para que la actividad progrese sobre una base objetiva y clara.
Teoría y práctica —pensamiento y acción— deben ser partes integradas de cualquier actividad creativa; sin embargo, cuando la reflexión no corresponde a la realidad en la que se desarrolla la práctica, o cuando esta práctica se realiza sin una teoría actualizada, se tiene una situación particularmente grave. La teoría será entonces una especulación inútil y, por lo tanto, la práctica necesariamente será una serie de acciones sin un mínimo de coherencia.
Ese ideal caduco ha filtrado la práctica y la enseñanza y las ha dañado gravemente, ya que no se ha adaptado a las necesidades de la actividad inmobiliaria y de la construcción, que se han transformado profundamente. Esa separación entre la reflexión y la práctica explica la actual crisis en la actividad de los arquitectos.
Conferencia sobre urbanismo
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