viernes, 21 de agosto de 2015

Crítica arquitectónica.

Tres dimensiones de la crítica arquitectónica, por Norberto Chaves.



La crítica
Para abordar una reflexión sobre la crítica de la arquitectura, deberíamos comenzar descartando el uso coloquial del término “crítica”, con el cual se alude a una práctica aleatoria, opcional o, cuando mucho, complementaria; pero no esencial a la cultura. Deberíamos reconocerle, en cambio, su carácter de dimensión intrínseca e inexcusable del hecho cultural, una de sus “constantes vitales”.

Todo sistema de normas, por más naturalizado que esté, presenta márgenes de excepción; plantea, inexorablemente, contradicciones y es susceptible, por lo tanto, de crítica. Sobre toda norma pende – conciente o soterrada – la duda de su legitimidad. La crítica no es, entonces, más que la autoconciencia de la cultura y garantiza el afianzamiento, perfeccionamiento o sustitución de sus normas.

Contraria a la noción “edénica” de la cultura, que la dibuja como una escena armónica y en reposo, una concepción más veraz tendría que mostrárnosla como un paisaje en permanente convulsión, que sólo efímeramente presenta cuadros en equilibrio. Esta inestabilidad es, precisamente, la fuente de todos los dilemas que dan pie a la duda sobre la validez de la norma y del hecho que la materializa. O sea, los dilemas que dan pie a la crítica.

A pesar de su función estructural en el seno de la cultura, por distintas causas y con distintos fines la crítica ha sido y sigue siendo objeto de objeciones. La historia del arte y la literatura abunda en enfrentamientos con los críticos profesionales, cuyo frecuente abuso del poder de opinión les ha granjeado cierto desprestigio. Como reacción ante ese abuso, los damnificados han incurrido más de una vez en la injusta desautorización de la crítica en su conjunto, tachándola de práctica parasitaria, superflua o, incluso, culturalmente perniciosa.

Y esta rebelión contra la crítica viene a confluir con posiciones ideológicas que, de partida, niegan la existencia de fundamentos objetivos para cualquier forma de valoración. La pluralidad de puntos de vista, la diversidad de opciones ideológicas y la incidencia inexorable de lo subjetivo brindan argumentos al escepticismo y favorecen, indirectamente, la reivindicación del “todo vale”.

La renuncia a toda posibilidad de juicio de valor cultural, se ve respaldada, además, por la crisis de los patrones culturales dominantes y la dispersión axiológica propia de una época de desorientación y acefalía.

Este relativismo, que es válido si se lo entiende como aceptación de la pluralidad de códigos, deja de ser válido cuando implica la indiferencia por la calidad. Efecto sin duda alarmante. Y el  panorama cultural contemporáneo abunda en síntomas de esta forma de decadencia. Hoy más que nunca, la crítica resulta, entonces, no sólo pertinente sino, también, urgente.

La crítica de la Arquitectura
En el campo de la Arquitectura este fenómeno se reitera con idénticas características; y se ha agravado con la crisis de la supuesta universalidad de los cánones modernos y la demora en la cristalización de otra norma alternativa que aquella de la forma libre y la pieza única.

El silencio de la crítica –autoinhibida– legitima el “todo vale” y favorece la instauración pasiva de una ideología arquitectónica sistémicamente pautada y su respectivo modus operandi: la búsqueda compulsiva de la atipicidad. Privada de todo otro fundamento que el de la demanda mediática, la obra, cualquiera fuera su programa, aparece como hito autoreferencial.

Frente a este estado de cosas, suele levantarse de tanto en tanto la voz de los últimos cultores de la racionalidad, que enarbolan argumentos no pertinentes al fenómeno criticado. Esa crítica, instrumentada con parámetros fuera de contexto, yerra en el blanco.

En todos los ámbitos de lo cultural, la crítica es un terreno resbaladizo, en parte por la alta cuota de “desprolijidad” que se observa en su ejercicio. O sea, por la debilidad de un trabajo de “crítica de la crítica” que señale qué es, cuáles son sus géneros, para qué sirve y cómo se hace. Caemos así en la mera “opinión”, que cierra el círculo vicioso del relativismo.

Tres géneros

La propia tarea productiva – en cualquier campo – lleva implícita una ininterrumpida mirada crítica: producir es ir comparando lo que se está produciendo con un modelo óptimo —consciente o inconsciente— pautado por un objetivo. El dedo del alfarero aumenta la presión tan pronto como éste detecta que el cuello del ánfora resulta aún demasiado ancho respecto del óptimo: la forma que va apareciendo ante sus ojos se proyecta sobre la imaginada y ambas se van corrigiendo mutuamente hasta lograrse el ajuste perfecto. Criticar es poner en acción óptimos, patrones, criterios de excelencia, explícitos o latentes.

La propia tarea de dirección de proyectos pone en escena las dificultades y desafíos de la acción crítica. Y va evidenciando, en su ejercicio, planos de crítica diferenciados: la razón descubre distintos niveles de pertinencia axiológica y aprende a ejercerlos de un modo independiente. Va descubriendo, así, que la eficacia y ajuste de la crítica aumenta con la especificidad con que logre operar en cada uno de esos niveles.

En este texto intento ordenar el espacio de la crítica, señalando sus dimensiones específicas, diferenciadas, y, en cierta forma autónomas. Pues gran parte de los equívocos provienen de la confusión entre niveles distintos de la crítica, del cruce de parámetros heterogéneos que enturbian los juicios. Señalaré tres tipos de crítica netamente discriminables y, para distinguirlos, los denominaré “crítica teórica”, “crítica técnica” y “crítica ideológica”.

La crítica teórica
Un nivel de crítica de la arquitectura, previo y necesario para cualquier otro, es el que denomino “crítica teórica”. Aquí, el concepto de crítica carece del sentido valorativo que le damos en el lenguaje coloquial; pues alude al “desentrañamiento” de las condiciones de existencia del fenómeno analizado. Lo que se “critica”, en todo caso, no es el fenómeno real sino las ideas espontáneas y superficiales que nos hacemos de él. “Crítica” aquí es “desocultación” de los factores y relaciones estructurales en que se funda el hecho considerado.

Toda crítica de la arquitectura debe partir de la obviedad (que suele ser soslayada) de que todo hecho construido es producto de un sistema de condicionantes reales; pues si está construido es porque en hacerlo posible han confluido todos los factores económicos, ideológicos y culturales. El Sistema no es un “aspecto” de la realidad, aleatorio o de eficacia esporádica; sino la articulación necesaria de los distintos estratos de la realidad social en que vivimos y producimos. Es la fuente de condicionamientos objetivos de todo lo producido y, por lo tanto, la principal fuente de su explicación.

Ausente este primer nivel de crítica, no puede sostenerse que se conozca el hecho real. Se tendrá de él una descripción más o menos exacta; pero se desconocerá su sentido en el seno de la sociedad concreta. Sólo se registrará el aspecto exterior del objeto, sus datos puramente fenoménicos. Se oirán los truenos pero se ignorará cómo se producen; y tal ignorancia tendrá efectos directos sobre la valoración del hecho y sobre los comportamientos con él relacionados.

Este nivel de la crítica debe expulsar, por lo tanto, toda tentación a enturbiarla con la toma de posición ante el fenómeno analizado; pues su finalidad no es valorar o juzgar sino conocer. Si ejemplificamos con la Teoría Social, este nivel de crítica se corresponde con un discurso como el de “El Capital” de Karl Marx. En ese texto indispensable para todo economista, cualquiera fuera su posición ideológica, el autor vivisecciona el sistema económico sin ninguna repugnancia ni insinuación ética, con la finalidad de explicar sus condiciones de existencia y su lógica interna.

De igual modo, el analista de la arquitectura, para conocer su objeto, debe poner entre paréntesis todo juicio personal o social, toda valoración ética, estética o ideológica. Su único interés ha de ser el detectar los orígenes del fenómeno analizado, o sea, los factores que han motivado su producción y condicionado sus características.

Independientemente de sus adscripciones culturales, el crítico debe descubrir las articulaciones objetivas entre la arquitectura (obra, género, o lenguaje) y el contexto social que brinda los programas (estilos de vida, sistemas de valores, condiciones socioeconómicas, condicionantes culturales, etc.) que han hecho existir dicha arquitectura con sus peculiares características.

El discurso crítico de este tipo no constituye una simple “sociología de la arquitectura” sino una detección de condicionantes de toda naturaleza (sociológica, económica, antropológica, psicológica, etc.) cuyo entrelazamiento han producido la arquitectura analizada.

Tomemos como ejemplo un fenómeno “curioso” relativamente reciente y, por ello, escasamente categorizado: la denominada “arquitectura-espectáculo”. La crítica teórica buscará los vínculos de este tipo de arquitectura con el mercado corporativo e institucional; un mercado que reclama a los concurrentes un creciente protagonismo mediático, no arbitrario sino sistémicamente necesario. Ese contexto fuerza a los actores urbanos hegemónicos a lograr una alta notoriedad en todos sus comportamientos; y la arquitectura es un medio estentóreo, quizás el más eficaz, para obtener esa notoriedad social; resulta por lo tanto, irrenunciable. La función publicitaria de la arquitectura supera, en estos casos, a todos los demás servicios de la misma y los supedita, definiendo el programa.

Cualquiera fuera la valoración y actitud respecto de este tipo de arquitectura, la crítica teórica permite reconocerle una lógica interna absolutamente anclada en una realidad. Así como nadie puede cuestionar la necesidad estructural de la publicidad, nadie puede desconocer que el sensacionalismo arquitectónico es una respuesta adecuada a la sociedad del espectáculo, o sea, a la economía de la pulsión.

La crítica técnica
Un segundo plano de crítica, heterogéneo respecto del anterior, consiste en analizar, en la obra arquitectónica, su grado de ajuste. Implica, por lo tanto, una valoración, o sea, una contrastación de unos hechos con unas metas.

La crítica técnica debe realizar un complejo entrecruzamiento de confrontaciones; pues, para ser objetiva, deberá contrastar entre sí cuatro instancias: obra, lenguaje, programa y contexto: ¿El programa se ajusta a la necesidad? ¿El lenguaje se ajusta al programa? ¿La obra se ajusta al programa y al lenguaje adoptado? ¿Hay desajustes? ¿Dónde se localizan?

Para realizar esta crítica es indispensable dominar la trama de códigos que regulan la producción material, los usos físicos, los usos simbólicos y la función estética de la obra y/o del sistema en que se inscribe.

Para ello, el conocimiento de las condiciones de existencia de lo criticado (producto de la crítica anterior) es esencial; pues dicho conocimiento es el que permite escoger la combinación de parámetros adecuados para la valoración de la pieza o su sistema. Es imposible valorar algo cuyo sentido se desconoce. Y es incorrecto valorar una pieza con parámetros ajenos a su naturaleza.

Siguiendo con el ejemplo anterior, si desconocemos el sentido socio-cultural de la arquitectura-espectáculo, posiblemente apliquemos parámetros que sólo son pertinentes a otro tipo de arquitectura y consideremos como “defectos” o “desviaciones” rasgos que son esenciales a su sentido y que, por lo tanto, indican sus virtudes.

Este tipo de crítica debe ejercerse a partir o en función de los patrones derivados de las condiciones de existencia de lo criticado, es decir, a partir del programa real y los códigos de diseño a él pertinentes. Se evalúan las calidades alcanzadas por la obra o el sistema dentro de su género. Es una crítica “interna”.

Esta crítica debe combinar y sintetizar las evaluaciones de la propuesta tecnológica y económica, la propuesta funcional y la propuesta estética, y su grado de ajuste al programa real y/o realizable. O sea que, a partir de las condiciones programáticas reales, no todo proyecto resultará igualmente satisfactorio. Siguiendo con la arquitectura-espectáculo: no todos los espectáculos están igualmente logrados.

La crítica ideológica
La crítica ideológica es, por así decirlo, “partidista”: toma posición ante el hecho arquitectónico en función de una determinada plataforma ideológica del crítico, que le prescribe valores culturales, sociales, éticos, estéticos.

La crítica ideológica es tan externa a su objeto como la crítica teórica; pero ya no se ejerce desde la racionalidad analítica sino desde un determinado sistema de valores. Por lo tanto, esta crítica carece de la universalidad a la que deben aspirar las anteriores. Por su propio concepto, depende de valores de naturaleza ideológica y, por lo tanto, particulares.

Igual que las anteriores, puede aplicarse a la obra o al sistema arquitectónico, lenguaje o estilo, y puede poseer un signo distinto al de la correspondiente critica técnica: una obra que supera la prueba de la crítica técnica puede ser descalificada por la crítica ideológica. Sigamos con la arquitectura-espectáculo: la crítica técnica de un edificio (p.ej. el Banco de Londres de Clorindo Testa) puede reconocer en él una obra de valor (crítica técnica); pero ese edificio puede resultar muy objetable desde una plataforma ideológica que le niegue valor cultural al monumentalismo (crítica ideológica).

Este tercer nivel de crítica es necesariamente el último, no en jerarquía sino en orden; pues, ausentes las dos críticas anteriores, la crítica ideológica incurrirá inevitablemente en errores de apreciación.

Veámoslo con el ejemplo que venimos utilizando. Si no se ha realizado un análisis teórico del fenómeno de la arquitectura-espectáculo, desde cierta plataforma ideológica ésta podría aparecer como caprichosa, arbitraria, absurda; siendo, como es, motivada y de alto ajuste a la necesidad. El repudio a la arquitectura-espectáculo se ensañará con la obra; pues no reconocerá las condiciones sociales que han generado aquella necesidad y su correspondiente programa, que sería –en todo caso- el realmente cuestionable.

En la arquitectura, y en cualquier otro ámbito de crítica ideológica, suele generarse un puro cuestionamiento de los productos y sus autores, con omisión o desconocimiento de los orígenes de los encargos y su racionalidad. Una arquitectura culturalmente reprobable no se deslegitima cuestionando la respuesta profesional sino denunciando las condiciones que han creado su demanda social.

Conclusión
Si se analizan y comparan con detenimiento estos tres tipos de crítica, se verá que, en una suerte de condicionamiento “en cascada”, la primera habilita a las dos siguientes, y las dos primeras, a la última.

El edificio del Museo Guggeheim de Bilbao ha suscitado polémicas que sólo han logrado confundir más el panorama, precisamente por la confusión de los planos de la crítica. Una crítica pulcra de dicha obra debería obrar “en cascada” según el siguiente proceso:

1.    Señalar los orígenes del programa que reclamaba un edificio de alta singularidad e impacto mediático.
2.    Señalar el ajuste del proyecto a dicho programa y las calidades por él obtenidas.
3.  Tomar posición ante los orígenes (marketing urbano), el programa (arquitectura espectáculo) y el proyecto (el edificio de Gehri)

Probablemente, los términos “teórica”, “técnica” e “ideológica” carezcan de la precisión debida; pero me consta que bautizan tres espacios objetivamente discriminables y su consideración favorece significativamente la pulcritud del ejercicio crítico.
http://www.norbertochaves.com/articulos

Norberto Chaves, Argentina (1942)
Asesor en Identidad Corporativa, ensayista y docente en cursos de posgrado y eventos de arquitectura, diseño y comunicación.



domingo, 9 de agosto de 2015

BAUHAUS

El movimiento Bauhaus 

 

http://bauhaus-movement.com/

Peliculas de arquitectura

23 peliculas que todo arquitecto debe ver:





Louis Kahn en su oficina
 

 Todas tratan temas relacionados a la arquitectura, desde la vida de un arquitecto en particular hasta el trato del tema desde un punto de vista general, abarcando a todos los estudiantes y profesionales. Se las dejamos con sus respectivos trailers para que puedan elegir y disfrutarlas el próximo tiempo libre.






Link

miércoles, 24 de junio de 2015

Los viajecitos de estudio al extranjero



Los viajecitos de estudio al extranjero

Dr. Percy C. Acuña Vigil


El otro día escribía sobre cómo estamos viviendo con los valores totalmente equivocados y hoy día encuentro  una confirmación de esta grave situación precisamente en el campo de la enseñanza de la arquitectura.

Ocurre que la moda en algunos de los centros privados de enseñanza es irse de viaje al extranjero dice que en plan de estudio a mitad de los estudios. En realidad esta manía no tiene ningún valor académico, puede realizarse en cualquier entorno y en cualquier momento. Depende de la billetera de quien financia el viajecito.

Otra cosa sería si se promoviese la visita al Perú profundo. Otra cosa sería viajar con programas de apoyo a nuestras comunidades, a tantos lugares que requieren del apoyo de nuestros estudiantes, sin embargo esto no existe. Los estudiantes de arquitectura no tienen ninguna obligación con su país. Esto no es negocio, esto no vende.

Peor aún los estudios están orientados precisamente a donde no interesa. ¿Qué sucede con las tecnologías apropiadas?, ¿Qué sucede con el conocimiento del contexto?, ¿qué sucede con el conocimiento de los requerimientos tecnológicos que se aprenden en el campo?,  ¿Que sucede con el conocimiento del propio país?

¿A que se va de viaje un estudiante cuando todavía no está formado? ¿Cuándo no ha cubierto las etapas mínimas de formación? Simplemente es una actividad extra curricular más desprovista de sentido, como irse al cine o a la discoteca.

Sin embargo se vende la idea y se parte de la falsa premisa de que afuera se encuentra la verdad.

Deslumbrado por esta aparente verdad el estudiante presionado por sus docentes busca los medios para salir e irse a buscar la verdad.

El drama se encarna al regreso, cuando el alumno se da cuenta de que sólo fue un viaje lúdico, y perdió tiempo de preparación y de formación.

Lo usual es viajar para consolidar estudios, se viaja luego de haber intentado una tesis, luego de haber intentado decir algo. Hoy por presión del consumo y por egos personales de los docentes que se sienten predestinados se fuerza estos viajes para suplir docencia. Se quiere suplir docencia y cátedra con los viajecitos que no son más que auto engaños a destiempo y fuera de lugar y de contexto.

Si solo ocurriese en los centros del negocio de la educación no nos importaría, sin embargo la modita ha llegado a los centros de enseñanza que están a cargo del Estado. Aquí se está presionando a los alumnos a irse de viaje a Europa o a Asia a mitad de carrera, obligando a los alumnos a invertir dineros que no tienen ni ellos ni sus familias.

Aquí si hay un peligro grave y una actitud de prepotencia académica que no debe proseguir y debe de actuarse sobre ella pues está creando marginación y diferencia académicas que la ley no permite.

Azuzando a los alumnos a que gasten lo que no tienen y a que imiten al jet set de la arquitectura de elite se está configurando una tendencia negativa y dañina solo para satisfacción de los egos personales y de grupete que son típicos de este sector de promotores del negocio de la arquitectura.

Es evidente que a falta de norte y de guía estas iniciativas de despilfarro y de desconocimiento de las más elementales reglas de enseñanza están contribuyendo aún más a construir un clima negativo e infeliz para nuestros estudiantes.



PAV//





viernes, 26 de diciembre de 2014

El Provincianismo en la arquitectura.

El Provincianismo en la arquitectura.




Usualmente el término provinciano se refiere a la persona que tiene una mentalidad cerrada y unas ideas atrasadas y poco desarrolladas. Por extensión podríamos aplicar el concepto y de hecho se aplica, a un conjunto de personas, e, hilando más fino, a una mentalidad, una actitud, a las costumbres de un grupo social.

El provincianismo trae consigo un exceso de apego a lo local, a la mentalidad y costumbres de un lugar determinado; sin embargo, por la vía de la compensación, como contrapeso, en ese mismo medio social se produce una valoración excesiva de lo que viene de otras partes. En las personas que pertenecen a un medio provinciano se desarrolla una valoración ansiosa, desordenada, de lo que en otros lugares del mundo es aplaudido y promovido.

Esos rasgos se agudizan en tiempos de atraso y estancamiento. La actitud provinciana agudiza estos rasgos de modo alarmante, lo que se evidencia en que no hay reunión social en la cual los temas de conversación no sean las mismas anécdotas sobre la mediocridad política que nos rige, lo cual es un signo de frustración y de provincianismo.

La invitación a Frank Gehry y a Richard Rogers para proyectar arquitectura en un país Latino Americano es una muestra más de provincianismo. La realidad es que se busca ingenuamente tapar el atraso con el modo primitivo de hacer política, en la exacta manera de comportamiento de una república bananera, usando el disfraz que les facilita un arquitecto extranjero de fama internacional. Esta figura es la típica de entornos provincianos.

En la arquitectura provinciana esto es típico. Tal es el caso que se invita a diseñadores del Jet set para tapar y encubrir la actitud permanente de un comportamiento reaccionario inmune a las realidades del país donde nacieron, y de un Estado que durante años ha ignorado del modo más drástico la situación de la arquitectura, que sigue caracterizándose por una mínima producción de calidad. Estos personajes que usan careta tratan de tapar sus procederes empeñándose en desconocer la realidad de su país, con el pretexto mostrar empatía con los famosos del jet set.

Traer a estos personajes a intervenir y construir es una enorme impertinencia. No es pertinente, es inadecuado, es hasta insultante. Evidentemente esto es una muestra  de su provincianismo.

Otro ejemplo de esta actitud insultante y agravante son las recientes iniciativas de construcción con los arquitectos del espectáculo en España promovidas por Manuel Fraga Iribarne y por aparte de Luis Fernández Galiano, al promover y darle el encargo de la Ciudad de la Cultura en Santiago a Peter Eisenman. Ambos típicos provincianos que al invitar a un diseñador desubicado se enfrentan ahora a la pérdida total de la inversión comprometida. Ejemplo que ilustra la típica actitud provinciana que tiñe al sub desarrollo mental

El argumento de que porque los arquitectos provincianos no hacían sino cajas sin interés habría que invitar vedettes ubica el mismo pensamiento provinciano que renuncia a valorar lo propio. 


Proyecto que no dice nada

No utilizo el término “provinciano” con ánimo peyorativo, sino como un calificativo para describir la actitud de mirar únicamente hacia sí mismo ignorando lo que ocurre alrededor, algo que supone un ataúd intelectual.

Voy a referirme aquí al anuncio que hace Sloterdijk del fin del cosmopolitismo y el surgimiento del ‘provincianismo global’. De la globalización electrónica informática, en la que los hombres superan las distancias, y el mundo vuelve a hacerse más pequeño. En su tesis propone un análisis de las fronteras como configuraciones móviles, la crisis de los Estados Nacionales y la emergencia de un espacio sin sí mismo, esto es, como mero espacio de tránsito.

Peter Sloterdijk en “La última esfera, historia de la globalización terrestre“ pone de manifiesto su interpretación del desarrollo de estos procesos desde la época de la colonización hasta lo que él denomina sociedades de paredes finas y que no es otra cosa que el escenario de la época actual marcada por la globalización, que debe ser entendida más allá del sentido clásico de la eliminación de fronteras, como un proceso de desterritorialización, un movimiento de descentramiento donde se produce una combinación entre lo geográfico, lo simbólico y lo disciplinario.

Desde la terminología de Sloterdijk estar en el mundo es vivir en esferas, en espacios de relación, climas o atmósferas, “espacios de coexistencia, que se pasan por alto o se consideran comúnmente como dados encubriendo así la información crucial para desarrollar una comprensión de cómo somos los seres humanos. Los móviles, cambian dependiendo del espacio en el cual se encuentra el individuo.

En lo que respecta al tiempo, estamos ante unos medios dedicados a fabricar el presente, lo que sólo puede producirse mediante el debilitamiento del pasado, de la conciencia histórica, desde esta lógica por ejemplo, las tradicionales plazas de las ciudades de cualquier ciudad del mundo significaban lugares de encuentros sociales, donde se hacía política, el lugar donde se producía la socialización, sin embargo, ahora este espacio ha sido reemplazado por la moda del mall, estas construcciones que pretenden ser modernas, aglutinan a jóvenes y adultos como un bricolaje de la moda mundial.  

También este debilitamiento se puede ver reflejada en la conciencia políticas donde son evidentes la disminución de los sujetos comprometidos con la discusión y actuación política de su país.

En este nuevo espacio esferológico, Sloterdijk nos plantea la idea que esta globalización  arrasa con cualquier pueblo que quiera mantenerse intacto producto de la revolución destructora de la lejanía: la Modernidad. “a causa de su desdichada accesibilidad por los otros agresores, viven en uno y el mismo planeta, en la estrella de los descubiertos”.

Esta instalación del provincianismo global caracterizado por un mundo sincronizado se caracteriza por la eliminación de la lejanía y la reconfiguración de las culturas locales.

Bibliografía

- AUGE, Marc, Los no-lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobre modernidad, Ed. Gedisa
- GIANNINI, Humberto, La “reflexión” cotidiana. Hacia una arqueología de la experiencia, Editorial Universitaria, 2004

- KROTZ, Esteban. La Otredad Cultural entre Utopía y Ciencia, Fondo de Cultura Económica, México 2002
- MARTIN BARBERO, Jesús “Nuevos mapas culturales de la integración y el desarrollo“. En Bernardo Kliksberg y Luciano Tomassini (compiladores): Capital social y cultura: claves estratégicas para el desarrollo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. 2000, p. 337.
- MICHAELSEN, Scout y JOHNSON, David, Teoría de la Frontera. Los límites de la política cultural, Editorial Gedisa, Barcelona, 2003.
- SLOTERDIJK, Peter, El desprecio de las masas; Ensayos sobre las luchas culturales de la sociedad moderna, Editorial Pre-textos, Valencia, 2002.
- SLOTERDIJK, Peter,, Pre-textos, Valencia, 2001.
- SLOTERDIJK, Peter, Esferas II. Globos. Macroesferología,. Siruela, 2004.

Artículos

VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo.

“Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización” En Eikasia Revista de Filosofía, julio 2006, Oviedo, España. ISSN: 1885-5679
“Peter Sloterdijk; Microesferas íntimas y úteros fantásticos para masas infantilizadas”, en NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 15 | Enero-Junio 2007, pp. 193-200.
  
 “Sloterdijk y Canetti; El detonante iconográfico y operístico de la política de masas”, en NÓMADAS Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Universidad Complutense de Madrid, | Nº 15 | Enero-Junio 2007, pp. 201-214.
  
Artículo de referencia:

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Adorno era muy provinciano




"Adorno era muy provinciano"

En esta entrevista, la ensayista estadounidense Susan Buck-Morss habla de Origen de la dialéctica negativa, donde revisa el pensamiento de dos figuras clave de la Escuela de Fráncfort
Por Pablo Gianera  | LA NACION

Origen de la dialéctica negativa; Por Susan Buck-Morss
Eterna Cadencia
Trad.: Nora Rabotnikof Maskivker
480 páginas

Muchos lectores argentinos recordarán seguramente a Susan Buck-Morss por Dialéctica de la mirada , bellísimo volumen que reveló el Libro de los pasajes de Walter Benjamin antes de que se pudiera leer en español una sola palabra de la gigantesca e inconclusa obra benjaminiana. Buck-Morss conseguía allí la rara proeza de que su ensayo fuera fiel no solamente a las volutas y arabescos de las ideas de Benjamin sino también a su forma interrumpida y constelada. Pero antes había circulado ya Origen de la dialéctica negativa.

Theodor W. Adorno, Walter Benjamin y el Instituto de Frankfurt, inteligentísima presentación del pensamiento dialéctico, publicada en inglés en 1977 y reeditada ahora en español en una nueva traducción. Podría decirse que Buck-Morss introdujo realmente el pensamiento frankfurtiano en los ámbitos universitarios estadounidenses.

Origen de la dialéctica negativa fue además su primer libro y deriva en parte de su fascinación por el pensamiento de Adorno a principios de la década de 1970. 

"En 1970, cuando fui a estudiar a Alemania, no sabía nada de él -cuenta Buck-Morss, muy simpática y hablando a alta velocidad-. Yo quería dedicarme a Jung, nada político; y toda la gente que conocí en Fráncfort estudiaba a Lenin, a Adorno, a Marcuse. Tenía la sensación horrible de que debía estar estudiando lo que se suponía que tenía que estudiar pero que no me interesaba. Así que cambié. Entonces llegué un poco tarde a Adorno. Él murió en 1969 y no pude a conocerlo. Tal vez fue mejor así, porque he oído muchas veces que no era confiable con las mujeres? Lo que me atrajo inmediatamente de sus libros fue el vínculo entre filosofía y vida cotidiana."

-¿Cree que existe alguna relación entre biografía y teoría en la Escuela de Fráncfort? En el caso específico de Adorno y Benjamin, ¿cuánto influyeron sus vidas en sus teorías?
-No creo que hubiera nada demasiado personal, pero ellos eran sin duda parte de una generación. Tanto para Adorno como para Benjamin, la Primera Guerra Mundial fue una experiencia extraordinariamente significativa, lo mismo que la Revolución Rusa, la crisis económica de la década de 1930, y por supuesto, la Segunda Guerra y Hitler. Estos acontecimientos no pertenecieron a una única biografía. Eran una experiencia generacional.



-¿Podría decirse que Adorno y Benjamin pensaban el arte como filosofía y la filosofía como arte, y que ese cruce llevó finalmente a la reconciliación del arte con el conocimiento?
-Es una manera muy hermosa de enunciarlo y creo que sucede exactamente eso. En ese sentido, es mejor hablar de "arte" que meramente de "estética". Adorno escribió una Teoría estética, pero hay algo muy cuidadoso en el modo en que está escrita; un cuidado por las palabras que es propio de una obra de arte.

-Tal vez puede pensarse que Teoría estética es también la obra de un artista?
-Sí, creo lo mismo. No existe una distinción radical entre el arte y la filosofía, aunque desde luego existen diferencias en el modo en que se relacionan con la verdad.

-¿Cuánto influyó en la dialéctica de Adorno la articulación de matices, el arte de la "transición ínfima", para recurrir a una idea que él mismo usó en su trabajo monográfico sobre Alban Berg?
-No conozco lo suficiente la música de Berg, pero estoy segura de que Adorno aprendió muchísimo sobre cómo escribir filosofía de Beethoven y de Schönberg. ¡Hay a veces un tipo de minuciosidad en la elección y disposición de las palabras que vuelve ilegibles los textos! En cambio, si uno se fija por ejemplo en sus clases y ponencias, son tan claras? Me refiero a las clases que dictó en Fráncfort en la década de 1960. Son brillantemente claras, incluso en sus formulaciones más difíciles. Personalmente, prefiero esa expresión simple porque creo que resulta más convincente.
-Me gustaría que explicara el estancamiento que advierte en el pensamiento dialéctico adorniano de los últimos años.
-En cierto sentido, tiende a volverse predecible. Sabemos exactamente lo que va suceder. Afirmamos que algo es cierto; luego, dialécticamente, decimos que es falso y, por último, invertimos esa afirmación y decimos que había verdad en la falsedad y falsedad en la verdad. Cuando uno leyó tanto como leí yo mientras preparaba el libro, se espera ese movimiento. Puede anticiparse hacia dónde va el razonamiento. ¡Eso no pasa nunca con Benjamin! Cuando uno sabe de antemano hacia dónde va un razonamiento ha perdido el poder de la dialéctica filosófica.

-Si pudiera hablarse en términos de grados, ¿usted diría que Benjamin era más dialéctico que Adorno?
-No, Adorno valoraba enormemente la dialéctica, pero Benjamin? Bueno, ¡depende! Yo diría que hay en Benjamin una suerte de metafísica dialéctica, mientras que en Adorno encontramos más bien una argumentación dialéctica.

-¿Cuál es el presente y cuál es el futuro del pensamiento dialéctico tal como lo formularon Adorno y Benjamin? Y, más en general, ¿dónde encuentra usted la herencia de la teoría crítica?
-Hay en este punto una diferencia decisiva. En mis clases, he notado que se considera a Benjamin el pensador más excéntrico e idiosincrásico. A la vez, un estudiante de Etiopía, de China, de Turquía o de Brasil puede aprender de él y usarlo en sus estudios y en sus escritos. Adorno, en cambio, es un tema de estudio, no fácil, aunque sí atractivo, ¡pero intente aplicar realmente su método?! Conozco muy pocas personas que hayan podido hacerlo con éxito, y yo no soy una ellas.

-¿Le interesa, por ejemplo, el pensamiento de Edward Said?
-Mucho. Éramos amigos además, y fue una de las primeras personas que leyeron mi libro sobre Adorno y recuerdo que le gustó. Él era ya un senior scholar y yo apenas empezaba. Fue muy generoso conmigo.
-Said releyó el legado de Adorno de una manera sumamente personal.
-Estoy absolutamente de acuerdo. Fue uno de los lectores más creativos de Adorno.

-¿Cree que la Escuela de Fráncfort pertenece al pasado? ¿Se siente interpelada todavía por su pensamiento?
-Lo que realmente me frustra de los pensadores anteriores al siglo XXI es el eurocentrismo. Me interesa más lo que pasa en cualquier otro lugar del mundo, lejos de Europa y de Estados Unidos. Está dicho en la última página de mi libro. Digo allí que Adorno era muy provinciano, que no estaba interesado en conocer el Tercer Mundo.

-¿Cuál son esos lugares del mundo que más le interesan a usted ahora?
-El período de la expansión islámica desde España hasta la India. Y, por supuesto, América latina y África, pero toda África y no solamente la parte islámica o árabe. Creo que hay mucho para aprender allí, sobre todo de gente que está familiarizada con la filosofía occidental o el arte occidental pero trabajan desde una perspectiva diferente. De eso me estoy ocupando ahora.

SUSAN BUCK-MORSS
Es profesora de Política y Teoría Social en la Universidad de Cornell. Colaboró en la edición de las obras completas de Adorno, con la coordinación de Rolf Tiedemann. Publicó, además de Origen de la dialéctica negativa y Dialéctica de la mirada, Mundo soñado y catástrofe. La desaparición de la utopía de masas en el Este y el Oeste (2002), Pensar el terror. El islamismo y la teoría crítica en la izquierda (2003) y Hegel y Haití (2005).

Theodor Adorno. Articulo publicado en mi blog de filosofía: Bonus Vita


La Nación: Viernes20 de mayo de 2011 | Publicado en edición impresa

domingo, 21 de diciembre de 2014

El diseño de la Vivienda




El diseño de la Vivienda


Dr. Arq. Percy C. Acuña Vigil

Este escrito trata de la situación desde la enseñanza y señalo algunas alternativas en términos de lo que  se puede hacer frente a ella


En este breve escrito comparto mis observaciones sobre este tema en base a las evidencias que se obtiene de la cátedra universitaria y de la percepción de cómo se comporta el mercado en ésta área.


Una premisa es que el tema de la vivienda  es importante especialmente porque se requiere una política de vivienda dirigida a resolver el problema de vivienda por su masividad y no exclusivamente a resolver los requerimientos de los negocios empresariales en el sector de vivienda. Este es un tema que se viene dejando de lado porque es un problema político, fundamentalmente.


Una segunda premisa es en cuanto a política educativa, ya que esta brilla por su ausencia y es preocupante cómo los nuevos informales del diseño se aprestan a invadir el mercado para darle mayor informalidad aún. Esta situación cobra importancia también por su masividad, que no guarda ninguna relación con la demanda real de diseñadores


Es particularmente de importancia el comprobar que en este sector del diseño de la vivienda se requiere darle importancia al proceso de diseño de la vivienda y más aún cómo esta se inserta en la ciudad. La evidencia muestra que predomina en la docencia una práctica sistemática de informalidad y de seudo utopía. Es conveniente incidir en el trabajo de campo para estudiar técnicamente los requerimientos y las demandas además de estudiar los requerimientos reales en términos de costos y de modelos tecnológicos apropiados.


Mi observación es que hoy se requiere enfatizar en el diseño que le dé importancia a pensar en el individuo y en sus necesidades de vivienda, a pensar la ciudad, y no simplemente decir que se va a hablar de la ciudad y no decir nada. Esto implica trabajo analítico de base, recojo de data empírica, lectura guiada y conocimiento de base en investigación de campo y de gabinete con técnicas actualizadas y fundamentalmente con una visión horizontal interdisciplinaria.


Sin embargo la evidencia muestra que se están desactivando todas las asignaturas que le dan seguridad y conocimiento a los estudiantes, por ejemplo las áreas de matemáticas están devaluadas y figuran sin la debida prioridad, las asignaturas de estadística están siendo relegadas y no hablemos de las áreas de lógica y de metodología científica, que existen sólo de nombre.


Hoy día en el medio se requiere aprender a realizar análisis de todo tipo para el diseño en todas las áreas vinculadas al tema de la vivienda, esto no lo realiza ni la universidad ni la empresa y cuando se menciona,  este resulta en un remedo informal de lo que debería hacerse.


Es evidente en la enseñanza que se requiere priorizar la formación analítica y enfatizar en la epistemología arquitectónica que guie la práctica del diseño. La evidencia muestra que no obstante figurar en los sílabos algunas asignaturas de importancia, estas se convierten en una pantalla para perder el tiempo, sin la calidad académica necesaria, sin la rigurosidad académica que es una de las garantías y además con horas asignadas que no se conllevan con el nivel académico necesario, debido a la impericia con que se planea la enseñanza para el negocio y no para el servicio.


Lo que se requiere es enfatizar en las técnicas y en el de conocimiento de los aspectos de funcionalidad, Análisis funcional, Análisis arquitectónico, de Tecnología arquitectónica, de Acondicionamiento arquitectónico, de Tecnología de la construcción, de Coordinación modular, y de Programación de obra,  entre los aspectos más básicos de la formación, dejando de lado los aspectos lúdicos que desorientan y que son destructivos.


Es evidente que se debe enfatizar en una formación que posibilite que quienes estudian  tengan idea de qué es lo que implica tener principios de diseño de vivienda y de que puedan tener base formativa sólida que les permita en su formación a acceder a la discusión de conceptos de diseño y de planeamiento que es lo único que puede garantizar técnicos que sean útiles a la sociedad.


En fin hoy día mi percepción es que se debe eliminar totalmente la informalidad en el diseño, y dotar a los estudiantes de capacidad para formarse con principios y con dirección y guía. Evidentemente esto requiere que quienes estén en la tarea docente estén debidamente preparados con evidente formación académica de segunda especialidad y fundamentalmente en investigación.


El tema de la vivienda dejado al libre negocio no es académico, requiere una orientación con principios de diseño y con formas de evaluación rigurosamente académicas con el apoyo que le puede dar la práctica profesional a la luz de la obra de los pocos estudios de arquitectura en el país que tienen valor y que son y han sido referentes de práctica profesional de valía.


Ante la masiva graduación de arquitectos de muy dudosa formación debido a la aparición de demasiadas universidades no calificadas y peor aún a la ausencia de ética profesional creciente, el mercado ha sido invadido por una práctica informal que convierte esta área de suma importancia social en un mercado más de la informalidad.


Hoy día cuando es evidente la ausencia de principios para enfrentar el diseño de los aspectos básicos del Espacio, Morfología, Funcionalidad, y Tecnología en los proyectos de vivienda, la situación ha devenido en una de suma gravedad.


Estas evidencias sumadas al desconocimiento creciente de criterios apropiados para enfrentar los requerimientos de aspectos fundamentales como el de las instalaciones eléctricas y sanitarias, de la infraestructura vial y de todos aquellos aspectos de la tecnología de vivienda específica, sin teoría apropiada ni pertinente y sin guía apropiada por ausencia de identidad y de autoridad técnica nos encontramos frente a una situación de colapso frente al tema de la vivienda.


Además como epitafio, al no haber una política de vivienda coherente hoy día no se enfrenta el problema de la vivienda y este ha sido relegado a simplemente dejar que la empresa construya lo que quiere, como pueda y donde pueda.

El problema de la Vivienda



Complementando estas observaciones comparto material informativo sobre intervenciones realizadas en Inglaterra en esta área del diseño de la vivienda. Inglaterra se enfrenta a problemas de vivenda masiva en en la actualidad.



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Ejemplo 1

The Brutalist buildings stand as an example of the Smithsons’ theories in practice. Practices that today face an uncertain future.